CALACAS PENDENCIERAS

Escribe: Carlos Morales Juárez

Cuando se habla de Coahuila
para una gran estadía,
van pensando que la muerte
jamás los abrasaría.
Y así han pasado los años
y más que estarán llegando,
verificando los sueños
que se estarán terminando.
Algunos se han preguntado
¿Y cuándo será esa suerte?,
la respuesta la sabrán
al presentarse la muerte.
Esa que es verdadera
esa que nunca deseamos,
pero que a todos nos llega
vivamos, donde vivamos.
No se asusten ni se espanten
pues hay una gran verdad,
y quien nace en esta vida
a los panteones va a dar.
Una cuestión contundente
de la que nadie se escapa,
es destino de los vivos
toparse con la calaca.
En México se colocan
altares con alimentos,
y calaveras de azúcar
en homenaje a los muertos.
Así es el dos de noviembre
pa’ todos los mexicanos,
que visitan los panteones
casi siempre abandonados.
Políticos, gobernantes,
los maestros y estudiantes,
amas de casa y obreros,
los líderes sindicales.
Periodistas y escritores,
artistas y diputados,
cantineros y boleros,
taxistas o senadores.
Los más pobres, los más ricos,
los más buenos, los más peores,
policías y soldados,
enfermeras y doctores.
Alcaldes y candidatos,
los corruptos, los ladrones,
flacos, gordos y chaparros,
feos, bonitos o panzones.
Borrachos o delicados,
los valientes, los cobardes,
todos saben de esa suerte
donde una cosa es segura,
al toparse con la muerte
allá en la fría sepultura.
Entonces hay que vivir
sin pensar en las tragedias,
muriéndonos de la risa
con calacas pendencieras.

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